Reverdece tu profesión
El contacto con la naturaleza y el enfoque regenerativo se han convertido en una de las apuestas más inspiradoras y con más futuro, en casi todas las profesiones.
La Pedagogía Verde ofrece un enfoque conceptual y metodológico amplio y riguroso para darle sentido, profundidad y profesionalidad real, como cuento en esta entrevista para el medio vasco Guraso.eus
1. ¿Qué es la Pedagogía Verde y qué la diferencia de otras propuestas educativas?
La Pedagogía Verde es mucho más que una didáctica o un conjunto de actividades al aire libre. Nace de la necesidad de restaurar el vínculo profundo entre el ser humano y el mundo natural, un vínculo que la cultura en que vivimos ha roto de manera alarmante.
En un momento en que la innovación ha llegado a confundirse con la adquisición de aparatos tecnológicos, o con la introducción superficial de “nuevas” metodologías, que siguen atrapándonos en lógicas tecnocráticas y utilitaristas, la Pedagogía Verde plantea una transición educativa y, por lo tanto, cultural, desde el antropocentrismo (donde el ser humano y sus construcciones están por encima de todo) al biocentrismo (reconociéndonos como parte de una red de vida más inteligente, interconectada e interdependiente).
Basada en el “contacto con la naturaleza”, la Pedagogía Verde no consiste solo en “salir al campo” o poner plantas en un aula (aunque cualquiera de estas cosas pueden ser un principio..), sino en transformar la mirada: entender que la infancia y la juventud no necesitan ser “adiestradas”, o que llenemos sus cabezas de contenidos abstractos. Necesitan ser acompañadas en su desarrollo natural, para recuperar la salud, la espontaneidad, la creatividad y el sentido de pertenencia a la Tierra.
Se trata de poner la naturaleza en el centro. No solo de aprender sobre el entorno natural, o en ese “escenario”, sino de crecer y desarrollarnos de acuerdo a nuestra naturaleza, con la naturaleza como maestra y desde la naturaleza que somos.
La Pedagogía Verde plantea una transición educativa y, por lo tanto, cultural, desde el antropocentrismo (donde el ser humano y sus construcciones están por encima de todo) al biocentrismo (reconociéndonos como parte de una red de vida más inteligente, interconectada e interdependiente).
2. ¿Por qué necesitamos recuperar el vínculo con la naturaleza en la educación actual? ¿Y en la vida?
Porque, como te decía antes, también nosotras “somos naturaleza”, una frase que está de moda, pero en absoluto integrada. Lo decimos, pero no lo sentimos porque hemos construido un mundo que nos separa de nosotras mismas, que nos desnaturaliza, nos deshumaniza y, en última instancia, nos enferma.
La falta de contacto y de vínculo con lo vivo está estrechamente relacionada con el aumento exponencial del sedentarismo, la obesidad, los trastornos de atención, el estrés crónico, la ansiedad, las adicciones y la apatía, entre otros muchos problemas.
El conocido “déficit de naturaleza” no es solo consecuencia de la pérdida de espacios verdes: es una ruptura que afecta a todas las dimensiones del ser humano. Que nos impide desarrollarnos plenamente a nivel físico, mental, emocional, social y espiritual.
Cuando pasamos habitualmente casi el 80% del tiempo confinados y sobreestimulados digitalmente, se empobrece la experiencia corporal: desconectamos de nuestros ritmos vitales, dejamos de usar la mayor parte de nuestros sentidos, el músculo de la atención se debilita…Perdemos la capacidad de autoregularnos, la confianza en la vida, la tolerancia a la incertidumbre, y la certeza de pertenecer a algo mucho más grande.
El sentimiento de biofilia (ese amor innato por todo lo vivo, con el que nacemos) se debilita y, hace que se deteriore también nuestra capacidad de crear vínculos afectivos, sin los cuáles es difícil sostener un cuidado real.
Recuperar este vínculo es una cuestión de salud, y también de supervivencia. De una salud entendida no como simple ausencia de enfermedad, sino como plenitud. De hecho, una persona sana es naturalmente autónoma, solidaria y gozosa, porque ha podido desarrollar todo su potencial…
De supervivencia, porque nuestro estilo de vida consumista y desconectado multiplica la destrucción de todo lo que sostiene la vida.
Cultivar la biofilia debería ser, por tanto, la máxima prioridad educativa. Una garantía de salud y de futuro compartido. Y no solo para la infancia: también para las personas adultas que acompañamos.
Cuando pasamos habitualmente casi el 80% del tiempo confinados y sobreestimulados digitalmente, se empobrece la experiencia corporal: desconectamos de nuestros ritmos vitales, dejamos de usar la mayor parte de nuestros sentidos, el músculo de la atención se debilita…Perdemos la capacidad de autoregularnos, la confianza en la vida, la tolerancia a la incertidumbre, y la certeza de pertenecer a algo mucho más grande.
3. ¿Qué papel desempeña la persona educadora desde la perspectiva de la Pedagogía Verde?
En la Pedagogía Verde, el rol de la educadora se ve sometido a una especie de giro copernicano: dejamos de ser figuras que transmiten contenidos verticalmente para convertirnos en guardianas del asombro, cultivadoras de potenciales, facilitadoras de procesos, y cuidadoras de vínculos.
Dejamos de querer que nos miren, que nos atiendan..y somos nosotras las que atendemos, las que observamos mucho más que hablamos o actuamos..Esto suele ser ya un gran problema porque pensamos que cuanto más hacemos hacia afuera, cuánto más mostramos, más profesionales somos…
Acompañar desde la Pedagogía Verde requiere una presencia amorosa que sostiene el espacio. Una presencia paciente y respetuosa, siempre a la escucha. Implica soltar el control y la obligación de saberlo todo, de tener siempre la razón; perder el miedo a equivocarte y abrirte a experimentar, a aprender, a amar el caos donde nace el nuevo orden…Significa dar espacio a la auténtica autonomía, a la curiosidad innata, la creatividad espontánea y la exploración libre, abierta y compartida.
Cuando el educador se saca la prisa de la cabeza y se arriesga a confiar en los procesos de autoaprendizaje, en la sabiduría innata de cada ser vivo, el espacio educativo deja de ser un lugar de repetición, de obediencia, para convertirse en un oasis nutritivo, un ecosistema vivo y creativo, de relaciones significativas. Cuidar, en este sentido, es crear las condiciones para que cada persona pueda florecer a su manera.
Por eso, suelo decir que educar es un arte, y no solo una técnica (aunque como artistas, también debemos aprender a manejar nuestras herramientas técnicas). Es un trabajo personal y sistemático sobre nuestro propio vínculo con la naturaleza. Una creación en acto, como decía Lorca.
Cuando el educador se saca la prisa de la cabeza y se arriesga a confiar en los procesos de autoaprendizaje, en la sabiduría innata de cada ser vivo, el espacio educativo deja de ser un lugar de repetición, de obediencia, para convertirse en un oasis nutritivo, un ecosistema vivo y creativo, de relaciones significativas.
4. ¿Cómo se puede incorporar la Pedagogía Verde a la práctica educativa?
Las posibilidades son infinitas…siempre que dejemos atrás los clichés y la exigencia de resultados inmediatos (los tiempos de la educación son largos…y hay que saber caminar mirando el horizonte…)
La Pedagogía Verde es un enfoque experimental y de procesos. No estamos interesadas en “tener éxito”, sino en la intensidad de las vivencias y la amplitud de crecimiento que nos aportan. Cada vez que nos meten o nos entra prisa, ya hemos sido atrapadas, desconectadas…
Uno de los grandes mitos, por ejemplo, es creer que la Pedagogía Verde solo es viable si tenemos cerca un bosque frondoso. Por supuesto que los entornos naturales son idóneos, pero la transformación empieza por la actitud, la manera de integrar la naturaleza cercana en nuestra vida cotidiana, y de vincularnos con lo humano.
Podemos comenzar con pequeños gestos: en lugar de iniciar el día en el aula, con “lo que toca” del programa, hacer algo distinto: salir al patio, organizar un desayuno, una conversación informal…Promover un momento de asombro observando el cielo, la luz, los cambios de estación, el brote de una semilla, la salida de un nuevo diente…y cualquier otro cambio perceptible.. Se trata de conectar con lo que se mueve en nosotras y a nuestro alrededor…
También podemos incluir en nuestra progresión pedagógica secuencias al aire libre, en los parques, ríos, montes y jardines cercanos, creando un flujo más armónico entre interior y exterior. Y, por supuesto, introducir materiales naturales, crear espacios de juego innato, de cuidado de otros seres vivos..
En asociaciones de tiempo libre, gaztelekus y ludotecas tal vez hay incluso más facilidad: se pueden diseñar espacios de juego libre en la naturaleza, crear semilleros de distintos tipos, proyectos de sensibilización ciudadana, de regeneración urbana… Organizar rutas autosugestionadas y generar vínculos con entornos naturales, sociales y culturales: huertos comunitarios, granjas, santuarios…pero también peluquerías, bibliotecas, hospitales, centros comerciales… Giner de los Ríos, el pedagogo de la ILE que es uno de mis referentes más queridos, identificaba cerca de 100 entornos distintos, donde puede darse una verdadera educación..No en las fichas, ni en los libros de texto, ni en los juegos didácticos, ni tan si quiera en los talleres y actividades “divertidas”.
Junto al lugar, otra clave es el enfoque experimental y vivencial, la conexión con las necesidades vitales de la naturaleza humana: generar opciones, dejar espacio a la elección, a los intereses, a las dinámicas del grupo..; integrar sensación e imaginación, emoción y pensamiento; cultivar la autonomía, la responsabilidad, los valores…
La Pedagogía Verde es un enfoque experimental y de procesos. No estamos interesadas en “tener éxito”, sino en la intensidad de las vivencias y la amplitud de crecimiento que nos aportan. Cada vez que nos meten o nos entra prisa, ya hemos sido atrapadas, desconectadas…
5. ¿Qué relación existe entre la naturaleza, el bienestar emocional y el aprendizaje?
La naturaleza es el mejor regulador emocional que existe. Los entornos naturales contribuyen a calmar el sistema nervioso, reducen los niveles de cortisol (la hormona del estrés), regulan los ritmos, invitan al movimiento, favorecen la liberación de tensiones, y la regeneración atencional (y energética). Además, ofrecen estímulos complejos y sutiles que afinan los sentidos, potencian la observación y despiertan el asombro, una emoción amorosa que nos conecta con lo vivo. En ellos, nos sentimos más serenas, más abiertas y con más disponibilidad para relacionarnos y aprender.
Todo esto ya proporciona un valioso estado interior, imprescindible en educación (si alguien todavía cree aquello de que “la letra con sangre entra”, por favor que deje de leer..). Nos da un suelo para el aprendizaje infinitamente más fértil que cualquier cosa que podamos conseguir dentro de un aula, por mucho ingenio que le pongamos…
Pero además, la naturaleza acompaña las emociones: nos devuelve paciencia y aceptación sin juicio. En ella todo tiene su tiempo, el error forma parte del ciclo y no existe el aparentar, simular, agradar…ni la prisa por rendir.
Los paisajes, las plantas y animales de todas las formas, colores y tamaños son para el humano grandes maestros (nos enseñan, por ejemplo, sobre los ciclos de la vida, la pérdida y la renovación…); y al mismo tiempo, son un lienzo en blanco donde podemos proyectar, expresar y elaborar lo que nos pasa por dentro.
Así que tenemos el mejor ansiolítico, el más maravilloso Ritalin, y el terapeuta más avezado…¡¡¡¡Todo en uno!!! Y todo ahí, disponible para una infancia y una juventud con muchos problemas de salud mental.
Todos estos beneficios, evidentemente, necesitan de un acompañamiento exquisito, capaz de comprender, reconocer, empatizar…y si es necesario, ayudar a transformar.
Por último, casi todos sabemos que la naturaleza estimula la imaginación y la creatividad, dos elementos fundamentales para un auténtico proceso de aprendizaje: no ofrece juguetes cerrados, ni estrechas pantallas, sino espacios a 360 grados, y elementos no estructurados (palos, piedras, barro, hojas, agua) que pueden convertirse en cualquier cosa… Que nos invitan a crear, a cooperar y contribuyen a desarrollar el lenguaje y el pensamiento.
Los paisajes, las plantas y animales de todas las formas, colores y tamaños son para el humano grandes maestros (nos enseñan, por ejemplo, sobre los ciclos de la vida, la pérdida y la renovación…); y al mismo tiempo, son un lienzo en blanco donde podemos proyectar, expresar y elaborar lo que nos pasa por dentro.
6. ¿Qué papel tienen el riesgo, el juego libre y la autonomía en este enfoque pedagógico?
El juego libre, el riesgo y la autonomía son los pilares sobre los que se construyen una niña y una adulta sanas, soberanas y resilientes.
Son esenciales en el aprendizaje porque necesitamos experimentar, probar, equivocarnos, y volver a intentarlo, para crecer.
Desde hace varias décadas, la infancia y la adolescencia sufren una sobreprotección asfixiante que para algunos, paradójicamente, genera adultos más vulnerables e inseguros.
Los niños y niñas no necesitan hacerse más civilizados, llevar corbata a los tres años e ir al cole con su Chromebook en la mano, como si fueran corredores de bolsa. Necesitan asilvestrarse: subir a un tronco, trepar un árbol, saltar, correr en terrenos irregulares, atravesar un río, mancharse…
Deben enfrentar pequeños retos físicos y sociales para experimentar el riesgo real, y aprender a gestionarlo con adultos respetuosos, no invasivos, que les transmiten seguridad y les ayudan a poner conciencia sobre lo que viven y sienten. El riesgo y el error son fundamentales: si te caes, aprendes a medir tu cuerpo; si una estructura se te rompe, buscas otra solución. La clave del desarrollo no está en eliminar el peligro (así impedimos su crecimiento), sino en darles confianza y herramientas para gestionarlo.
Todo esto no significa abandonar una seguridad bien entendida, que es la que construimos activamente, no la que nos venden haciéndonos pasivos.
También es importante distinguir entre peligro y riesgo. Los peligros que, según su etapa de desarrollo no pueden percibir (un tráfico intenso, una rama podrida, un acantilado sin protección) los eliminamos o los gestionamos nosotras. Los riesgos asumibles, que ofrecen un reto proporcionado a su capacidad, los acompañamos.
Esto significa que somos capaces de evaluar el riesgo, no solo desde nuestra “experiencia y conocimientos previos”, sino desde la observación, la participación y el conocimiento profundo de las criaturas.
7. ¿Qué obstáculos encuentran los profesionales que quieren introducir esta mirada en sus proyectos educativos?
Los más habituales son la falta de tiempos y espacios, las ratios elevadas, la presión del currículo, el miedo a la responsabilidad ante posibles accidentes, las relaciones a veces difíciles en los equipos y las expectativas de algunas familias, que han aprendido a priorizar el rendimiento académico por encima del bienestar y de un desarrollo equilibrado y saludable.
Para superarlos, se necesita en primer lugar una sólida formación sobre los beneficios del contacto con la naturaleza, que ofrezca a los profesionales tanto la experiencia personal como argumentos científicos, psicológicos y pedagógicos. Me sigue sorprendiendo que aún se practiquen en exceso las presentaciones orales, y que muchos educadores crean que “porque este tema ya lo hemos visto”, sus alumnos lo han “aprendido”. Falta un conocimiento pedagógico profundo que debe incluir la capacidad de dinamizar grupos.
También es imprescindible el acompañamiento de una o varias redes que den seguridad, a través de las cuales podamos conseguir informaciones de todo tipo (iniciativas similares, nociones de jardinería, aportes legales…).
Después conviene empezar poco a poco y con constancia: unas horas semanales, algunas materias, un pequeño espacio, un proyecto piloto. La alegría de experimentar sin complejos, porque la educación, además de un arte, es una ciencia, pero una ciencia viva.
También ayuda documentar lo que ocurre (fotos, observaciones, relatos) para mostrar el bienestar, el desarrollo y los aprendizajes que se despliegan con el juego, y vincular las experiencias con los objetivos curriculares o del proyecto educativo.
Aunque a veces incito a una “rebelión sana”, no estoy hablando de saltarse las normas de la noche a la mañana, sino de tejer alianzas dentro de los equipos docentes y de realizar una labor de diálogo y pedagogía con las familias para mostrarles que el bienestar emocional, el juego y el contacto con la naturaleza no restan aprendizajes, sino que multiplican la concentración, la motivación y la salud integral de sus hijos e hijas. Convencerles de que es el mejor regalo que pueden hacerles para su presente y nuestro futuro.
Conviene empezar poco a poco y con constancia: unas horas semanales, algunas materias, un pequeño espacio, un proyecto piloto. La alegría de experimentar sin complejos, porque la educación, además de un arte, es una ciencia, pero una ciencia viva.
8. El curso se realizará en GaraiOn. Sorgingunea. ¿Qué aportará el espacio a la formación? ¿A quiénes está dirigido el curso y cómo se puede realizar la inscripción?
Siempre realizamos el Experto en Pedagogía verde en campus situados en espacios naturales únicos. En este caso, el centro GaraiOn Sorgingunea, en Álava, es un enclave absolutamente mágico, con unos principios y valores muy coherentes con el espíritu de esta formación. Un espacio de creación, arte y naturaleza en plena ruralidad, auténtico oasis co-educador donde se respira conciencia ecológica, cultura que se cultiva y se camina y comunidad. Realizar allí el postgrado permite vivir la propuesta en primera persona, en tu propia piel, no solo escucharla.
La formación está dirigida a profesionales y futuros profesionales del desarrollo humano, que desean profesionalizarse en el acompañamiento con la naturaleza: docentes, educadores y educadoras sociales, ambientales, monitores y monitoras de tiempo libre, personal de gaztelekus y ludotecas, técnicos y técnicas de juventud e infancia, psicólogos, terapeutas, pediatras, familias y cualquier persona apasionada por transformar la educación y comprometida con la infancia y la Tierra.
Para la inscripción, las personas interesadas pueden consultar la información en la web: www.heikefreire.com donde encontrarán el programa, las fechas, el calendario, el precio y el plazo de matrícula. También pueden contactar con la Escuela de Pedagogía Verde en el mail: [email protected].